Category Archives: Doctrina

¿Dios permite comer de todo?

Según 1 Timoteo 4:1-4    Romanos 14:1-4   

¿Dios permite comer de todo?

1 Timoteo 4:1-4 1 Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, 2 de hipócritas y mentirosos, cuya conciencia está cauterizada. 3 Estos prohibirán casarse y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participaran de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad, 4 porque todo lo que Dios creó es bueno y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias.

Romanos 14:1-4 (RVR1995) 1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. 2 Uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, solo come legumbres. 3 El que come de todo no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha recibido. 4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerlo estar firme.

Antes de analizar detalladamente 1ra de Timoteo y La carta a los Romanos, necesitamos establecer la importancia de la fidelidad y constancia de Dios.

Malaquías 3:6 (RVR1960) Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.

Lo que Dios ha puesto como base para su palabra es que, Él no cambia, cuando a puesto una regla y es para siempre, es para siempre, por el otro lado, cuando da una regla que tiene tiempo de caducidad, también Él lo establece, por ejemplo, la ley es para siempre, ¿cierto?  bueno, depende de cual ley estamos hablando, si son los diez mandamientos, claro que si, es eterna esa ley.  Pero cuando hablamos de la ley ritual, que se llevaba acabo en el antiguo testamento, en el servicio del santuario, esa ley estaba presente y debía cumplirse hasta que el Mesías llegara y la terminara, o clavara en la cruz, según lo hizo en Colosenses 2:14.

En Números 23:19 leemos;  Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?

Dios no miente ni se arrepiente de lo que ha dicho o establecido para su pueblo.

La palabra de nuestro Creador es eterna, y esto lo podemos constatar en,

Isaías 40:8 Sécase la hierba, marchítase la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Y el consejo de Cristo para sus seguidores en  Mateo 5:37 (NVI) Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.

Si el consejo para el hombre es que su palabra tenga valor y que al hablar respetemos lo que decimos, eso es de cristianos, por que si variamos, o más bien decimos hoy “SI”, y mañana sobre el mismo asunto llega a ser un “NO” Dice la palabra de Dios, que eso viene del maligno.

Entonces si el ser humano debe mantener su palabra, como Dios, siendo Dios ¿no sería fiel a sus palabras? Claro que si, entonces ¿porque de pronto pareciera como en algunos lugares, como que la Biblia se contradice?  La verdad es que la Biblia nunca se contradice, pues si así fuera, dejaría de ser la palabra de Dios, y también dejaría de ser de confianza.

Santiago 1:17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

Hebreos 13:8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

Con esto como plataforma, veamos ahora 1 Timoteo 4:1-4, Analicemos texto por texto:

1 Timoteo 4:1 Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios,

Dios ha revelado en su palabra que en los últimos días muchos que estaban dentro del cristianismo abandonarían las sanas doctrinas, porque se dejarían engañar por espíritus satánicos que traerían doctrinas de demonios. Por eso Cristo nos advirtió claramente en Mateo 24:4, cuando dijo;  Mirad que nadie os engañe. y sigue diciendo en el versículo 5, Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.

Es claro que el enemigo de Dios quiere que muchos se pierdan, y por eso tuerce la sana doctrina de Dios, y en la mayoría de los casos con cosas muy pequeñitas o insignificantes “aparentemente” y sin duda la iglesia verdadera de Dios es la será más bombardeada con falsas doctrinas.

1 Timoteo 4:2 de hipócritas y mentirosos, cuya conciencia está cauterizada.

El enemigo de Dios, ha hecho de personas que tienen su conciencia cauterizada, ósea que se han hecho insensibles al Espíritu Santo, sus pecados los toman como normales y ya para ellos no le llaman pecado al pecado, pues debido a que permitieron ser engañados por espíritus de demonios, se han hecho dentro de la iglesia mentirosos y también hipócritas.   ¡Que Dios tenga compasión de nosotros para no caer en las trampas del enemigo!.

1 Timoteo 4:3 Estos prohibirán casarse y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participaran de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad,

Notemos que los que tienen las doctrinas falsas y se han dejado engañar por demonios, prohiben casarse, cuando es legal o esta bien que una persona pueda contraer matrimonio, esto normalmente sucede cuando la persona fue casada y luego se divorció, y estas personas empiezan a ver y dar muchas vueltas al asunto al punto que para ellos esta mal y no permiten que la persona se case, según las circunstancias, y ellos mismos mandarán abstenerse de alimentos sanos que Dios creó, pero que para algunos pueda que no sean muy saludables, y entonces porque ellos no los ven muy saludables, mandan o exigen que todo mundo deba abstenerse de ellos. Sobre los alimentos, recordemos algo, regularmente esto gira alrededor de la carne, algunos dicen que si no dejamos de comer carne, nunca podremos ir con Cristo, que la persona tiene que ser y debe ser vegetariana para poder entrar al cielo pues en el cielo no podremos comer carne, se olvidan estas personas que Elías comió carne, y que él ni siquiera vio la muerte y fue al cielo.  Ese es el problema en este texto, que de lo que Dios permitió, hay personas que prohibirían comer.

En ningún momento debemos tomar esto para justificar comer lo que Dios a prohibido rotundamente como el puerco y otros animales inmundos.   

Si Dios lo permitió, con medida esta bien, pues todo aunque sea muy bueno, en exceso también llega a constituir pecado.    Por ejemplo mucha carne, es pecado y dañina a nuestro cuerpo, el agua, lo más saludable que podemos tomar, igual, con exceso llega a ser dañina para nuestro cuerpo, las cantidades apropiadas es lo más recomendable tanto por nuestra salud y como consejo Bíblico y así nos damos cuenta que nuestro Creador nunca se equivoca.  ¡Alabado sea el nombre de Jehová! 

1 Timoteo 4:4 porque todo lo que Dios creó es bueno y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias.

No podemos usar este texto como excusa para tomar lo que sabemos que esta mal o prohibido por Dios, como algo limpio y consumirlo. 

Dios creó el agave, un tipo de maguey, de el agave se hace el tequila, puesto que Dios creo la planta, ¿entonces podemos decir que esta bien tomar tequila? Claro que no, es prohibido según la Biblia.   Y de las uvas, se saca el vino, quiere decir que puesto que Dios hizo las uvas, ¿esta bien tomar el vino fermentado?  De ninguna manera, de modo que con conciencia y mente abierta al Espíritu Santo entendamos que lo que Dios ha prohibido, es prohibido y no hay nada mas que discutir.

1 Timoteo 4:5 Ya que por la palabra de Dios y por la oración es santificado.

De lo bueno que tomamos y santificamos por medio de la oración, recordemos algo, todos los alimentos están siempre en proceso de descomposición, desde antes de ponerlos en nuestra boca.   De modo que por medio de la oración si hay alguna bacteria que podría hacernos daño, al orar y dar gracias, el alimento se santifica y se limpia de forma milagrosa pues es una promesa divina, esto, si estamos alimentándonos con lo que Dios ha permitido.

En Romanos 14:1-4 Tenemos algo parecido a lo que dice en 1ra de Timoteo, recordemos que es Pablo, el mismo escritor el que está hablando.

Romanos 14:1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.

Hay personas que son débil en el conocimiento, o que no conocen mucho de lo que esta bien o mal hacer. Por eso el Apóstol Pablo aconseja, amistar con estas personas, pero nunca para discutir ningún tema de doctrina, pues si los que se supone que son expertos en doctrinas tienen diferentes opiniones en lo que esta bien o mal, ¿Cómo vamos a discutir estos temas con alguien que no tiene mucho conocimiento? o bien ¿como vamos a manipular en este caso lo que ellos desconocen con lo que nosotros creemos que es mejor hacer? 

Romanos 14:2 Uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, solo come legumbres.

Entonces el Apóstol da las diferencias formas de pensar, el que es fuerte piensa o sabe que no importa lo que come, de lo que Dios ha permitido, él es aceptado ante Dios.

Por el otro lado tenemos a una persona que no conoce mucho, pero le han dicho que no debe comer carne, entonces, por su conciencia piensa que si come carne, está cometiendo pecado, por eso decide comer solo legumbres.

Romanos 14:3 El que come de todo no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha recibido.

Y en este versículo Pablo aclara el mensaje, y da el consejo para que nadie juzgue a nadie.  El que come de todo, (lo permitido por Dios) no debe bajo ninguna circunstancia menospreciar o hacer menos al que no come de todo lo permitido por Dios.  Y el que se abstiene de comer ciertos alimentos, tampoco debe menospreciar o juzgar al que si come, de modo que el vegetariano, no juzgue al que come carne, y el que come carne, no juzgue al que es vegetariano.

Romanos 14:4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerlo estar firme.

Dios es el único que nos puede juzgar, y  si seguimos leyendo este capítulo, nos daremos cuenta que el Apóstol, aconseja que no se coma carne, pero es Dios quien juzga, y es Dios quien santifica, pues el reino de los cielos no es comida ni bebida.

Los fuertes en la fe, debemos apoyar a los débiles, en vez de hacer lo que nos agrada. Rom. 15:1

Algunas persona usan estos textos para justificar comer alimentos inmundos prohibidos por Dios, también usan Hechos el capítulo diez, donde encontramos la visión de Pedro, pues a simple vista y leyendo solo ciertos textos, pareciera que Dios le esta diciendo a Pedro que limpió los animales inmundos.  Pero estudiando detenidamente estos pasajes, nos damos cuenta primeramente que Pedro “no comió” segundo, más tarde Pedro entiende que Dios uso a los animales inmundo como ilustración de los seres humanos, pues los Judíos menospreciaban e insultaban a los gentiles, y con esta visión, Dios le dice que los gentiles han sido limpios y que son igual que los Judíos, aptos para recibir al Salvador del mundo.

Si una persona usa estos textos para apoyar la idea que se pueden comer todo tipo de carnes inmundas, esta en un gran error, y el Espíritu Santo no mora en él, pues solo hay que leer un poco más y textualmente Pedro mismo aclara que  la visión se refería a los hombres y no a alimentos en si.   

Pedro habla en  Hechos 10:28  …-Ustedes saben muy bien que nuestra ley prohíbe que un judío se junte con un extranjero o lo visite. Pero Dios me ha hecho ver que a nadie debo llamar impuro o inmundo.

Por tanto, reconoce hoy y reflexiona en tu corazón, que el SEÑOR es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra; no hay otro. Deut. 4:39

Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. (Gálatas 3:26-27)

Espero que todos algún día al igual que Pablo, podamos decir:  Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.   Gálatas 2:20

Glorifiquemos a Cristo en todo lo que hacemos, pues mi deseo es que se cumpla la palabra de Dios en nosotros recordando que; Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 1 Cor. 10:31

Si se trata de comida, que Dios se glorifique en lo que comemos o bebemos, o bien, cualquier otra cosa que hagamos, todo debe glorificar a nuestro Creador, que de hecho, para eso fuimos creados, para adorar y glorificar al Rey de reyes y Señor de señores.

El señor te bendiga

Joel Medina

feyesperanza.org

info@feyesperanza.org

Introducción a la ley de Dios:

 

 

Introducción a la ley de Dios:

En este mundo en que vivimos cada día las cosas van de mal en peor, y pareciera que no hay salida, pues cuando todo parece que va a mejorar, algo pasa que despierta al mundo, un desastre natural, la bolsa de valor baja drásticamente o alguien le da por cometer un terrible atentado, con un arma, bomba o cualquier artefacto que pueda hacer daño.

No es un secreto que la moral esta por los suelos, el valor del ser humano ha decaído de tal manera que ya no hay respeto a nuestros semejantes, incluso entre mismos parientes,

¿Que está pasando? Sin duda alguna el ser humano ha dejado de creer en Dios, y por consiguiente se ha alejado y a dejado de respetar a Dios, aunque abemos muchos que creemos y amamos a Dios, y por consiguiente tenemos el temor que Él espera de nosotros.

Constantemente somos testigos a nuestro alrededor de personas que profanan el nombre de nuestro Creador, creen que tienen la autoridad para hacer lo que mejor les plazca en sus vidas y con sus cuerpos.

Pero, hablemos un poco de la autoridad, sin duda alguna hay autoridad que es imputada, otra  que es delegada, cualquiera que sea el caso la persona con la autoridad espera respeto, y eso lo expone por medio de reglas, reglas que se deben seguir al pie de la letra, dejando así a quien se apliquen esas reglas con la opción de seguirlas o desobedecerlas, dejando claro que cada quien tiene la opción de obedecer o desobedecer, por supuesto que la persona que obedece ofrece respeto a quien puso las regarlas, y también así, lo contrario el que desobedece.

Y hablando de respeto, lo podemos ganar o lo podemos exigir, cuando se exige, regularmente las personas que respetan, es por miedo a las consecuencias o resultados de no respetar a quien lo exige, digamos como ejemplo a, un supervisor, gerente o dueño del negocio donde trabajamos.

Pero que hermoso saber que a una persona se le respeta, por su integridad, honestidad, amabilidad y servicio.  Ese es el respeto que bien podríamos decir, vale oro.

Estimado amigo, amiga que nos escucha, todo esto lo podemos aplicar a Dios, pues es a Dios a quien debemos todo el respeto, y el único que tiene la autoridad de hacer con nosotros lo que Él quiera,  y esa es la razón por la cual nos ha dado reglas a seguir, pero esas reglas son para nuestro bien, la palabra de Dios les llama a estas reglas, Los Mandamientos de Dios, o también conocida como La Ley de Dios, consiste en 10 puntos específicos que Dios estableció mucho antes de la creación del mundo, y son siempre para protegernos, si analizamos cada uno de ellos, nos daremos cuenta la sabiduría divina al redactar estos puntos, que de paso, son el carácter de Dios.

Imagínese usted la importancia que Dios les dio, que los ha hecho santos y a la vez cuentan con la bendición de Dios.

La Biblia dice en Salmos 111:7,8

Las obras de sus manos son verdad y juicio;

fieles son todos sus mandamientos,

afirmados eternamente y para siempre,

hechos en verdad y rectitud.

De modo que si ley existe desde antes que existiera el ser humano, estos mandamientos no iniciaron en el Sinaí, como muchos piensan o enseñan, pues por medio de la ley es que conocemos que hemos pecado, pues el pecado es transgresión de la ley, según 1 de Juan 3:4, y en Romanos 7:7 leemos así: …Yo no hubiera conocido el pecado a no ser por la ley: Porque no conociera la codicia si la ley no dijera: No codiciarás.

Tomando esto como contexto, podemos resumir que en el cielo donde empezó el pecado, cuando Lucifer tuvo codicia, automáticamente desobedeció las reglas de Dios establecidas en el cielo, Porque el pecado de Lucifer fue codiciar la posición y gloria de Dios, y el orgullo que imanó de su corazón lo llevaron a pecar, o desobedecer la Santa Ley de Dios.

Solo para que quede claro el punto daremos lectura lo que nos dice la palabra de Dios sobre este ángel, esto lo encontramos en: Isaías 14:12-15

¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.

Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. ¡Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo!

Así es como nos damos cuenta de que el pecado es ir en contra de los mandamientos de Dios, de modo que hoy, todavía existe el mismo problema, pues el ser humano debe estar en regla con lo que Dios ha establecido.  Si el pecado es transgresión de la ley, y el pecado nos separa de Dios, entonces el pecado en si, es la separación nuestra de Dios, vea como lo pone la Biblia, en Isaías 59:1,2 (RVR1909) He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni ha agravado su oído para oír:  2 Mas vuestras iniquidades (maldades) han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no oír.

Si estos mandamientos, Dios los dio para que sea una regla moral entre nosotros, ¿que pasa hoy en día a nuestro alrededor? ¿Será que el hombre, se a alejado de Dios? creo que podemos estar de acuerdo que la respuesta es un gran SI, y si se ha alejado de Dios, entonces, ¿Que es evidentemente lo que ha dejado de guardar?

Si, así es, Los mandamientos de Jehová.

Por un momento imagínese que todos siguiéramos estas reglas que Dios nos dio para protegernos, el mundo fuera muy diferente a como hoy lo conocemos, pues no hubiese preocupación por robo, muerte y crimen, o incluso cosas más sencillas pero muy importantes, como el chisme, falso testimonio y las mentiras, pues todo esto, va en contra de los diez mandamientos de Dios, si solo guardásemos estos diez mandamientos, sin duda alguna, el mundo fuera más feliz hoy en día.

En toda la Biblia encontramos solamente dos partes donde Dios escribe con su propio dedo el mensaje para sus hijos, y estos diez mandamientos son uno de ellos.

¿Que le parece si repasamos estas diez reglas de conducta?

Las encontramos en Éxodo 20:3-17,

Mandamiento número 1:

3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.

Mandamiento número 2:

4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: 5 No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen, 6 Y que hago misericordia en millares á los que me aman, y guardan mis mandamientos.

Mandamiento número 3:

7 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

Mandamiento número 4:

Acuérdate del sábado para santificarlo.  Seis días trabajarás y harás toda tu obra,  pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó.

Mandamiento número 5:

12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da.

Mandamiento número 6:

13 No matarás.

Mandamiento número 7:

14 No cometerás adulterio.

Mandamiento número 8:

15 No hurtarás.

Mandamiento número 9:

16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Mandamiento número 10:

17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Esos son los diez principios que Dios nos ha dejado para que seamos felices, si tan solo el ser humano se dignara de escuchar la voz de Dios y seguir sus consejos, podríamos evitarnos tanto crimen y violencia que hoy esta arrebatando la felicidad y tranquilidad a tanta gente, y aunque usted no practique la violencia, por alguien más que no tiene temor de Dios, su vida y paz están en peligro.

Si solamente por conveniencia propia guardásemos estas reglas, todo fuera diferente.

Necesitamos volver a amar a Dios, y hacer caso a sus consejos, si somos cristianos y decimos que amamos a Cristo, entonces escucha lo que te dice Jesús, en San Juan 14:15

 Si me amáis, guardad mis mandamientos

¿Tu amas a Dios?  mira lo que dice la Santa Palabra de Dios en 1 de Juan 4:8 El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.

Y también a los que guardan los mandamientos de Dios, la Biblia los define como el verdadero pueblo de Dios.

En Apocalipsis 12:17 encontramos esta lectura:  (RVR1995) Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer y se fue a hacer la guerra contra el resto de la descendencia de ella, contra los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

El dragón es Satanás, la mujer es la iglesia verdadera y fiel a Dios, por mil doscientos sesenta años Satanás persiguió y casi destruyó la iglesia, pero como no pudo destruirla completamente se llena de coraje y odio en contra  los que quedaron con vida, y la característica de ese pueblo fiel es que guarda los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo, que según la Biblia misma nos dice en Apocalipsis 19:10, es el espíritu de profecía.

Busque una iglesia que tenga estas dos características y habrá encontrado al verdadero pueblo de Dios.

De manera que la ley á la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo, y bueno. Romanos 7:12

Te invitamos a ser parte de ese pueblo que será fiel a Dios en todo lo que hacemos, pues eso marcará la diferencia si vamos al cielo o no.  Y así también haremos una diferencia en la sociedad de hoy en día.

Estimado oyente, Cristo te ama y quiere que seas feliz, por tanto, te dice,,,,  Si me amas, guarda mis mandamientos.

Joel Medina

Fe y Esperanza

joel@feyesperanza.org

 

Las 28 Creencias de la iglesia Adventista del Séptimo Día

LAS 28 CREENCIAS DE LA IGLESIA  ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

1. Las Sagradas Escrituras

Las Sagradas Escrituras, (La Santa Biblia)

Las Sagradas Escrituras. Las Sagradas Escrituras, que abarcan elAntiguo y el Nuevo Testamento, constituyen la Palabra escrita de Dios, transmitida por inspiración divina mediante santos hombres de Dios que hablaron y escribieron siendo impulsados por el Espíritu Santo. Por me, dio de esta palabra, Dios ha comunicado a los seres humanos el conocimiento necesario para alcanzar la salvación. Las Sagradas Escrituras son la infalible revelación de la voluntad divina. Son la norma del carácter, el criterio para evaluar la experiencia, la revelación autorizada de las doctrinas, y un registro fidedigno de los actos de Dios realizados en el curso de la historia  (2 Ped. 1:20, 21; 2 Tim. 3:16, 17; Sal. 119:105; Prov. 30:5, 6; Isa. 8:20; Juan 17:17; 1 Tes. 2:13; Heb. 4:12)

2. La Trinidad

Hay un solo Dios, que es una unidad de tres personas coeternas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este Dios uno y trino es inmortal, todopoderoso, omnisapiente, superior a todos y omnipresente. Es infinito y escapa a la comprensión humana, no obstante lo cual se le puede conocer mediante la propia revelación que ha efectuado de sí mismo. Es eternamente digno de reverencia, adoración y servicio por parte de toda la creación (Deut. 6:4; Mat. 28:19; 2 Cor. 13:14; Efes. 4:4-6; 1 Ped. 1:2; 1 Tim. 1:17; Apoc. 14: 7)

3. El Padre

EI Padre. Dios el Padre Eterno, es el Creador, Origen, Sustentador y Soberano de toda la creación. Es justo, santo, misericordioso y clemente, tardo para la ira y abundante en amor y fidelidad. Las cualidades y las facultades del Padre se manifiestan también en el Hijo y el Espíritu Santo  (Gén. 1:1; Apoc. 4:11; 1 Cor. 15:28; Juan 3:16; 1 Juan 4:8; 1 Tim. 1:17: Éxo. 34:6, 7; Juan 14:9)

4. El Hijo

Dios el Hijo Eterno es uno con el Padre. Por medio de él fueron creadas todas las cosas; EI revela el carácter de Dios, lleva a cabo la salvación de la humanidad y juzga al mundo. Aunque es verdaderamente Dios, sempiterno, también llegó a ser verdaderamente hombre, Jesús el Cristo. Fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María. Vivió y experimentó tentaciones como ser humano, pero ejemplificó perfectamente la justicia y el amor de Dios. Mediante sus milagros manifestó el poder de Dios y éstos dieron testimonio de que era el prometido Mesías de Dios. Sufrió y murió voluntariamente en la cruz por nuestros pecados y en nuestro lugar, resucitó de entre los muertos y ascendió al Padre para ministrar en el santuario celestial en nuestro favor. Volverá otra vez con poder y gloria para liberar definitivamente a su pueblo y restaurar todas las cosas  (Juan 1:1-3, 14; Col. 1:15-19; Juan 10:30; 14:9; Rom. 6:23; 2 Cor. 5:17-19; Juan 5:22; Luc. 1:35; Fil. 2:5-11; Heb. 2:9-18; 1 Cor. 15:3, 4; Heb. 8:1, 2; Juan 14:1-3)

5. Dios el Espíritu Santo

Dios el Espíritu Eterno estuvo activo con el Padre y el Hijo en la creación, la encarnación y la redención. Inspiró a los autores de las Escrituras. Infundió poder a la vida de Cristo. Atrae y convence a los seres humanos; y a los que responden, renueva y transforma a la imagen de Dios. Enviado por el Padre y el Hijo está siempre con sus hijos, distribuye dones espirituales a la iglesia, la capacita para dar testimonio en favor de Cristo, y en armonía con las Escrituras la conduce a toda verdad (Gén. 1:1, 2; Luc. 1:35; 4:18; Hech. 10:38; 2 Ped. 1:21; 2 Cor. 3:18; Efe. 4:11, 12; Hech. 1:8; Juan 14:16-18, 26; 15:26, 27; 16:7-13)

6. La Creación

Dios es el Creador de todas las cosas, y ha revelado por medio de las Escrituras un registro auténtico de su actividad creadora. El Señor hizo en seis días “los cielos y la tierra” y todo ser viviente que la habita, y reposó el séptimo día de la primera semana. De ese modo estableció el sábado como un monumento perpetuo de la finalización de su obra creadora. El primer hombre y la primera mujer fueron hechos a imagen de Dios como una corona de la creación; se les dio dominio sobre el mundo y la responsabilidad de cuidar de él. Cuando el mundo quedó terminado era “bueno en gran manera”, porque declaraba la gloria de Dios (Gén. 1; 2; Éxo. 20:8-11; Sal. 19:1-6; 33:6, 9; 104; Heb. 11:3)

7. La Naturaleza Humana

El hombre y la mujer fueron hechos a imagen de Dios, con individualidad propia y con la facultad y la libertad de pensar y obrar por su cuenta. Aunque fueron creados como seres libres, cada uno es una unidad indivisible de cuerpo, mente y espíritu que depende de Dios para la vida, el aliento y todo lo demás. Cuando nuestros primeros padres desobedecieron a Dios, negaron su dependencia de ÉI y cayeron de la elevada posición que ocupaban bajo el gobierno de Dios. La imagen de Dios se desfiguró en ellos y quedaron sujetos a la muerte. Sus descendientes participan de esta naturaleza degradada y de sus consecuencias. Nacen con debilidades y tendencias hacia el mal. Pero Dios, en Cristo, reconcilió al mundo consigo mismo, y por medio de su Espíritu restaura en los mortales penitentes la imagen de so Hacedor. Creados para gloria de Dios, se los invita a amar al Señor y a amarse mutuamente, y a cuidar el ambiente que los rodea (Gén. 1:26-28; 2:7; Sal. 8:4-8; Hech. 17:24-28; Gén. 3; Sal. 5:15; Rom. 5:12-17; 2 Cor. 5:19, 20; Sal. 51:10; 1 Juan 4:7, 8, 11, 20; Gén. 2:15)

8. El Gran Conflicto

La humanidad entera se encuentra envuelta en un conflicto de proporciones extraordinarias entre Cristo y Satanás en torno al carácter de Dios, su ley y su soberanía sobre el universo. Este conflicto se originó en el cielo cuando un ser creado, dotado de libre albedrío, se exaltó a sí mismo y se convirtió en Satanás, el adversario de Dios, e instigó a rebelarse a una porción de las ángeles. El introdujo el espíritu de rebelión en este mundo cuando indujo a pecar a Adán y a Eva. El pecado produjo como resultado la distorsión de la imagen de Dios en la humanidad, el trastorno del mundo creado y posteriormente su completa devastación en ocasión del diluvio universal. Observado por toda la creación, este mundo se convirtió en el campo de batalla del conflicto universal, a cuyo término el Dios de amor quedará finalmente vindicado. Para ayudar a su pueblo en este conflicto, Cristo envía al Espíritu Santo y a los ángeles leales para que lo guíen, lo protejan y lo sustenten en el camino de la salvación (Apoc. 12:4-9; Isa. 14:12-14; Eze. 28:12-18; Gén. 3; Rom. 1:19-32; 5:12-21; 8:19-22; Gén. 6:8; 2 Ped. 3:6; 1 Cor. 4:9; Heb. 1:14)

9. La Vida, Muerte y Resurrección de Cristo

Mediante la vida de Cristo, de perfecta obediencia a la voluntad de Dios, sus sufrimientos, su muerte y su resurrección, Dios proveyó el único medio válido para expiar el pecado de la humanidad, de manera que los que por fe acepten esta expiación puedan tener acceso a la vida eterna, y toda la creación pueda comprender mejor el infinito y santo amor del Creador. Esta expiación perfecta vindica la justicia de la ley de Dios y la benignidad de su carácter, porque condena nuestro pecado y al mismo tiempo hace provisión para nuestro perdón. La muerte de Cristo es vicaria y expiatoria, reconciliadora y transformadora. La resurrección de Cristo proclama el triunfo de Dios sobre las fuerzas del mal, y a los que aceptan la expiación les asegura la victoria final sobre el pecado y la muerte. Declara el señorío de Jesucristo, ante quien se doblará toda rodilla en el cielo y en la tierra (Juan 3:16; Isa. 53; 1 Ped. 2:21, 22; 1 Cor. 15:3, 4, 20-22; 2 Cor. 5:14, 15, 19-21; Rom. 1:4; 3:25; 4:25; 8:3, 4; 1 Juan 2:2; 4:10; Col. 2:15; Fil. 2:6-11)

10. La Experiencia de la Salvación

Con amor y misericordia infinitos Dios hizo que Cristo, que no conoció pecado, fuera hecho pecado por nosotros, para que nosotros pudiésemos ser hechos justicia de Dios en él. Guiados por el Espíritu Santo sentimos nuestra necesidad, reconocemos nuestra pecaminosidad, nos arrepentimos de nuestras transgresiones, y ejercemos fe en Jesús como Señor y Cristo, como Sustituto y Ejemplo. Esta fe que recibe salvación nos llega por medio del poder divino de la Palabra y es un don de la gracia de Dios. Mediante Cristo somos justificados, adoptados como hijos e hijas de Dios y librados del señorío del pecado. Por medio del Espíritu nacemos de nuevo y somos santificados; el Espíritu renueva nuestras mentes, graba la ley de amor de Dios en nuestros corazones y nos da poder para vivir una vida santa. Al permanecer en él somos participantes de la naturaleza divina y tenemos la seguridad de la salvación ahora y en ocasión del juicio (2 Cor. 5:17-21; Juan 3:16; Gál. 1:4; 4:4-7; Tito 3:3-7; Juan 16:8; Gál. 3:13, 14; 1 Ped. 2:21, 22; Rom. 10:17; Luc. 17:5; Mar. 9:23, 24; Efe. 2:5-10; Rom. 3:21-26; Col. 1:13, 14; Rom. 8:14-17; Gál. 3:26; Juan 3:3-8; 1 Ped. 1:23; Rom. 12:2; Heb. 8:1-12; Eze. 36:25-27; 2 Ped. 1:3, 4; Rom. 8:1-4; 5:6-10)

11. El crecimiento en Cristo

Jesús triunfó sobre las fuerzas del mal por su muerte en la cruz. Aquel que subyugó los espíritus demoníacos durante su ministerio terrenal, quebrantó su poder y aseguró su destrucción definitiva. La victoria de Jesús nos da la victoria sobre las fuerzas malignas que todavía buscan controlarnos y nos permite andar con él en paz, gozo y la certeza de su amor. El Espíritu Santo ahora mora dentro de nosotros y nos da poder. Al estar continuamente comprometidos con Jesús como nuestro Salvador y Señor, somos librados de la carga de nuestras acciones pasadas. Ya no vivimos en la oscuridad, el temor a los poderes malignos, la ignorancia ni la falta de sentido de nuestra antigua manera de vivir. En esta nueva libertad en Jesús, somos invitados a desarrollarnos en semejanza a su carácter, en comunión diaria con él por medio de la oración, alimentándonos con su Palabra, meditando en ella y en su providencia, cantando alabanzas a él, reuniéndonos para adorar y participando en la misión de la iglesia. Al darnos en servicio amante a aquellos que nos rodean y al testificar de la salvación, la presencia constante de Jesús por medio del Espíritu transforma cada momento y cada tarea en una experiencia espiritual. (Salm. 1:1,2; 23:4; 77:11,12; Col. 1:13, 14; 2:6, 14,15; Luc. 10:17-20; Efés. 5:19, 20; 6:12-18; I Tess. 5:23; II Pedro 2:9; 3:18; II Cor. 3:17,18; Filip. 3:7-14; I Tess. 5:16-18; Mat. 20:25-28; João 20:21; Gál. 5:22-25; Rom. 8:38,39; I João 4:4; Heb. 10:25)

12. La Iglesia

Logo Adventista

La iglesia es la comunidad de creyentes que confiesa que Jesucristo es Señor y Salvador. Como continuadores del pueblo de Dios del Antiguo Testamento, se nos invita a salir del mundo; y nos reunimos para adorar y estar en comunión unos con otros, para recibir instrucción de la Palabra, celebrar la Cena del Señor, para servir a toda la humanidad y proclamar el evangelio en todo el mundo. La iglesia deriva su autoridad de Cristo, que es el Verbo encarnado, y de las Escrituras que son la Palabra escrita. La iglesia es la familia de Dios: somos adoptados por ÉI como hijos y vivimos sobre la base del nuevo pacto. La iglesia es el cuerpo de Cristo, una comunidad de fe de la cual Cristo mismo es la cabeza. La iglesia es la esposa por la cual Cristo murió para poder santificarla y purificarla. Cuando regrese en triunfo, se la presentará como una iglesia gloriosa, es a saber, los fieles de todas las edades, adquiridos por su sangre, sin mancha ni arruga, santos e inmaculados (Gén. 12:3; Hech. 7:38; Efe. 4:11-15; 3:8-11; Mat. 28:19, 20; 16:13-20; 18:18; Efe. 2:19-22; 1:22, 23; 5:23-27; Col. 1:17, 18)

13. El Remanente y su Misión

La iglesia universal está compuesta por todos los que creen verdaderamente en Cristo, pero en los últimos días, una época de apostasía generalizada, se ha llamado a un remanente para que guarde los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Este remanente anuncia la hora del juicio, proclama la salvación por medio de Cristo y anuncia la proximidad de su segunda venida. Esta proclamación está simbolizada por los tres ángeles de Apocalipsis 14; coincide con la hora del juicio en el cielo y da como resultado una obra de arrepentimiento y reforma en la tierra. Todo creyente recibe la invitación a participar personalmente en este testimonio mundial  (Apoc. 12:17; 14:6-12; 18:1-4; 2 Cor. 5:10; Jud. 3, 14; 1 Ped. 1:16-19; 2 Ped. 3:10-14; Apoc. 21:1-14)

14. La Unidad en el Cuerpo de Cristo

La iglesia es un cuerpo constituido por muchos miembros que proceden de toda nación, raza, lengua y pueblo. En Cristo somos una nueva creación; las diferencias de raza, cultura, educación y nacionalidad, entre encumbrados y humildes, ricos y pobres, hombres y mujeres, no deben causar divisiones entre nosotros. Todas somos iguales en Cristo, quien por un mismo Espíritu nos ha unido en comunión con él y los unos con los otros. Debemos servir y ser servidos sin parcialidad ni reservas. Por medio de la revelación de Jesucristo en las Escrituras participamos de la misma fe y la misma esperanza, y salimos para dar a todos el mismo testimonio. Esta unidad tiene sus orígenes en la unicidad del Dios triuno, que nos ha adoptado como sus hijos  (Rom. 12:4, 5; 1 Cor. 12:12-14; Mat. 28:19, 20; Sal. 133:1; 2 Cor. 5:16, 17; Hech. 17:26, 27; Gál. 3:27, 29; Col. 3:10-15; Efe. 4:14-16; 4:1-6; Juan 17:20-23)

15. El Bautismo

Por medio del bautismo confesamos nuestra fe en la muerte y resurrección de Jesucristo, y damos testimonio de nuestra muerte al pecado y de nuestro propósito de andar en novedad de vida. De este modo reconocemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, llegamos a ser su pueblo y somos recibidos como miembros de su iglesia. El bautismo es un símbolo de nuestra unión con Cristo, del perdón de nuestros pecados y de nuestra recepción del Espíritu Santo. Se realiza por inmersión en agua, y está íntimamente vinculado con una afirmación de fe en Jesús y con evidencias de arrepentimiento del pecado. Sigue a la instrucción en las Sagradas Escrituras y a la aceptación de sus enseñanzas  (Rom. 6:1-6; Col. 2:12, 13; Hech. 16:30-33; 22:16; 2:38; Mat. 28:19, 20)

16. La Cena del Señor

La Cena del Señor es una participación en los emblemas del cuerpo y la sangre de Jesús como expresión de fe en él, nuestro Señor y Salvador. En esta experiencia de comunión Cristo está presente para encontrarse con su pueblo y fortalecerlo. Al participar en ella, proclamamos gozosamente la muerte del Señor hasta que venga. La preparación para la Cena incluye un examen de conciencia, arrepentimiento y confesión. El Maestro ordenó el servicio de lavamiento de los pies para manifestar una renovada purificación, expresar disposición a servirnos mutuamente y con humildad cristiana, y unir nuestros corazones en amor. Todos los creyentes cristianos pueden participar del servicio de comunión  (1 Cor. 10:16, 17; 11:23-30; Mat. 26:17-30; Apoc. 3:20; Juan 6:48-63; 13:1-17)

17. Los dones y los ministerios espirituales

Dios concede a todos los miembros de su iglesia en todas las edades dones espirituales para que cada uno las emplee en amante ministerio por el bien común de la iglesia y la humanidad. Concedidos mediante la operación del Espíritu Santo, quien los distribuye entre cada miembro según su voluntad, los dones proveen todos los ministerios y habilidades necesarios para que la iglesia cumpla su función divinamente ordenada. De acuerdo con las Escrituras estos dones incluyen ministerios tales como fe, sanidad, profecía, predicación, enseñanza, administración, reconciliación, compasión y servicio abnegado y caridad para ayudar y animar a nuestros semejantes. Algunos miembros son llamados por Dios y dotados por el Espíritu para cumplir funciones reconocidas por la iglesia en los ministerios pastoral, de evangelización, apostólico y de enseñanza, particularmente necesarios a fin de equipar a las miembros para el servicio, edificar a la iglesia de modo que alcance madurez espiritual, y promover la unidad de la fe y el conocimiento de Dios. Cuando los miembros emplean estos dones espirituales como fieles mayordomos de las numerosas gracias de Dios, la iglesia es protegida de la influencia destructora de las falsas doctrinas, crece gracias a un desarrollo que procede de Dios, y es edificada en la fe y el amor  (Rom. 12:4-8; 1 Cor. 12:9-11, 27-28; Efe. 4:8, 11-16; Hech. 6:1-7; 1 Tim. 3:1-13; 1 Ped. 4:10, 11)

18. El Don de Profecía

Uno de las dones del Espíritu Santo es el de profecía. Este don es una de las características distintivas de la iglesia remanente y se manifestó en el ministerio de Elena G. de White. Como mensajera del Señor, sus escritos son una permanente y autorizada fuente de verdad, y proveen consuelo, dirección, instrucción y corrección a la iglesia. También establecen con claridad que la Biblia es la norma por la cual deben ser evaluadas toda enseñanza y toda experiencia  (Joel 2:28 e 29; Atos 2:14-21; Heb. 1:1-3; Apoc. 12:17; 19:10)

19. La Ley de Dios

Los grandes principios de la ley de Dios están incorporados en los Diez Mandamientos y ejemplificados en la vida de Cristo. Expresan el amor, la voluntad y el propósito de Dios con respecto a la conducta y las relaciones humanas, y están en vigencia para todos los seres humanos de todas las épocas. Esos preceptos constituyen la base del pacto de Dios con su pueblo y la norma del juicio divino. Por medio de la obra del Espíritu Santo señalan el pecado y avivan la necesidad de un Salvador. La salvación es sólo por gracia y no por obras, pero su fruto es la obediencia a los mandamientos. Esta obediencia desarrolla el carácter cristiano y da como resultado una sensación de bienestar. Es una evidencia de nuestro amor al Señor y preocupación por nuestros semejantes. La obediencia por fe demuestra el poder de Cristo para transformar vidas y por lo tanto fortalece el testimonio cristiano  (Éxo. 20:1-17; Sal. 40:7-8; Mat. 22:36-40; Deut. 28:1-14; Mat. 5:17-20; Heb. 8:8-10; Juan 15:7-10; Efe. 2:8-10; 1 Juan 5:3; Rom. 8:3, 4; Sal. 19:7-14)

20. El Sábado

El benéfico Creador descansó el séptimo día después de los seis días de la creación, e instituyó el sábado para todos los hombres como un monumento de su obra creadora. El cuarto mandamiento de la inmutable ley de Dios requiere la observancia del séptimo día como día de reposo, adoración y ministerio, en armonía con las enseñanzas y la práctica de Jesús, el Señor del sábado. El sábado es un día de agradable comunión con Dios y con nuestros hermanos. Es un símbolo de nuestra redención en Cristo, una señal de santificación, una demostración de nuestra lealtad y una anticipación de nuestro futuro eterno en el reino de Dios. El sábado es la señal perpetua de Dios del pacto eterno entre él y su pueblo. La gozosa observancia de este tiempo sagrado de tarde a tarde, de puesta de sol a puesta de sol, es una celebración de la obra creadora y redentora de Dios  (Gén. 2:1-3; Éxo. 20:8-11; Luc. 4:16; Isa. 56:5, 6; 58:13, 14; Mat. 12:1-12; Éxo. 31:13-17; Eze. 20:12, 20; Deut. 5:12-15; Heb. 4:1-11; Lev. 23:32; Mar. 1:32)

21. La Mayordomía

Somos mayordomos de Dios, a quienes él ha confiado tiempo y oportunidades, capacidades y posesiones, y las bendiciones de la tierra y sus recursos. Somos responsables ante él por su empleo adecuado. Reconocemos que Dios es dueño de todo mediante nuestro fiel servicio a él y a nuestros semejantes, y mediante la devolución de los diezmos y las ofrendas para la proclamación de su evangelio y para el sostén y desarrollo de su iglesia. La mayordomía es un privilegio que Dios nos ha concedido para que crezcamos en amor y para que logremos la victoria sobre el egoísmo y la codicia. El mayordomo fiel se regocija por las bendiciones que reciben los demás como fruto de su fidelidad  (Gén. 1:26-28; 2:15; 1 Crón. 29:14; Hag. 1:3-11; Mal. 3:8-12; 1 Cor. 9:9-14; Mat. 23:23; 2 Cor. 8:1-15; Rom. 15:26, 27)

22. La Conducta Cristiana

Se nos invita a ser gente piadosa que piense, sienta y actúe en armonía con los principios del cielo. Para que el Espíritu vuelva a crear en nosotros el carácter de nuestro Señor, participamos solamente de lo que produce pureza, salud y gozo cristiano en nuestra vida. Esto significa que nuestras recreaciones y entretenimientos estarán en armonía con las más elevadas normas de gusto y belleza cristianos. Si bien reconocemos las diferencias culturales, nuestra vestimenta debiera ser sencilla, modesta y pulcra como corresponde a aquellos cuya verdadera belleza no consiste en el adorno exterior, sino en el inmarcesible ornamento de un espíritu apacible y tranquilo. Significa también que puesto que nuestros cuerpos son el templo del Espíritu Santo, debemos cuidarlos inteligentemente. Junto con la práctica adecuada del ejercicio y el descanso, debemos adoptar un régimen alimentario lo más saludable posible, y abstenernos de alimentos impuros identificados como tales en las Escrituras. Puesto que las bebidas alcohólicas, el tabaco, y el empleo irresponsable de drogas y narcóticos son dañinos para nuestros cuerpos, también nos abstendremos de ellos. En cambio, nos dedicaremos a todo lo que ponga nuestros pensamientos y cuerpos en armonía con la disciplina de Cristo, quien quiere que gocemos de salud, de alegría y de todo lo bueno (Rom. 12:1, 2; 1 Juan 2:6; Efe. 5:1-21; Fil. 4:8; 2 Cor. 10:5; 6:14 – 7:1; 1 Ped. 3:1-4; 1 Cor. 6:19-20; 10:31; Lev. 11:1-47; 3 Juan 2)

23. El Matrimonio y la Familia

El matrimonio fue establecido por Dios en el Edén y confirmado por Jesús, para que fuera una unión por toda la vida entre un hombre y una mujer en amante compañerismo. Para el cristiano el matrimonio es un compromiso a la vez con Dios y con su cónyuge, y este paso debieran darlo sólo personas que participan de la misma fe. El amor mutuo, el honor, el respeto y la responsabilidad, son la trama y la urdimbre de esta relación, que debiera reflejar el amor, la santidad, la intimidad y la perdurabilidad de la relación que existen entre Cristo y su iglesia. Con respecto al divorcio, Jesús ensenó que la persona que se divorcia, a menos que sea por causa de fornicación, y se casa con otra, comete adulterio. Aunque algunas relaciones familiares estén lejos de ser ideales, los socios en la relación matrimonial que se consagran plenamente el uno al otro en Cristo pueden lograr una amorosa unidad gracias a la dirección del Espíritu y al amante cuidado de la Iglesia. Dios bendice la familia y es su propósito que sus miembros se ayuden mutuamente hasta alcanzar la plena madurez. Los padres deben criar a sus hijos para que amen y obedezcan al Señor. Mediante el precepto y el ejemplo debieran enseñarles que Cristo disciplina amorosamente, que siempre es tierno y que se preocupa por sus criaturas, y que quiere que lleguen a ser miembros de su cuerpo, la familia de Dios. Una creciente intimidad familiar es uno de los rasgos característicos del último mensaje evangélico  (Gén. 2:18-25; Mat. 19:3-9; Juan 2:1-11; 2 Cor. 6:14; Efe. 5:21-33; Mat. 5:31, 32; Mar. 10:11, 12; Luc. 16:18; 1 Cor. 7:10, 11; Éxo. 20:12; Efe. 6:1-4; Deut. 6:5-9; Prov. 22:6; Mal. 4:5, 6)

24. El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial

Hay un santuario en el cielo, el verdadero tabernáculo que el Señor erigió y no el hombre. En él Cristo ministra en nuestro favor, para poner a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez y para siempre en la cruz. Llegó a ser nuestro gran Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor en ocasión de su ascensión. En 1844, al concluir el período profético de los 2.300 días, entró en la segunda y última fase de su ministerio expiatorio. Esta obra es un juicio investigador que forma parte de la eliminación definitiva del pecado, tipificada por la purificación del antiguo santuario hebreo en el día de la expiación. En el servicio simbólico el santuario se purificaba mediante la sangre de los sacrificios de animales, pero las cosas celestiales se purificaban mediante el perfecto sacrificio de la sangre de Jesús. El juicio investigador pone de manifiesto frente a las inteligencias celestiales quiénes de entre los muertos duermen en Cristo y por lo tanto se los considerará dignos, en ÉI, de participar de la primera resurrección. También aclara quiénes entre los vivientes están morando en Cristo, guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y en ÉI, por lo tanto estarán listos para ser trasladados a su reino eterno. Este juicio vindica la justicia de Dios al salvar a los que creen en Jesús. Declara que los que permanecieron leales a Dios recibirán el reino. La conclusión de este ministerio de Cristo señalará el fin del tiempo de prueba otorgado a las seres humanos antes de su segunda venida  (Heb. 8:1-5; 4:14-16; 9:11-28; 10:19-22; 1:3; 2:16, 17; Dan. 7:9-27; 8:13-14; 9:24-27; Núm. 14:34; Eze. 4:6; Lev. 16; Apoc. 14:6, 7; 20:12; 14:12; 22:12)

25. La Segunda Venida de Cristo

La segunda venida de Cristo es la bienaventurada esperanza de la iglesia, la gran culminación del evangelio. La venida del Salvador será literal, personal, visible y de alcance mundial. Cuando regrese, los justos muertos resucitarán y junto con los justos vivos serán glorificados y llevados al cielo, pero los impíos morirán. El hecho de que la mayor parte de las profecías esté alcanzando su pleno cumplimiento, unido a las actuales condiciones del mundo, nos indica que la venida de Cristo es inminente. El momento cuando ocurrirá este acontecimiento no ha sido revelado, y por lo tanto se nos exhorta a estar preparados en todo tiempo  (Tito 2:13; Heb. 9:28; Juan 14:1-3; Hech. 1:9-11; Mat. 24:14; Apoc. 1:7; Mat. 24:43, 44; 1 Tes. 4:13-18; 1 Cor. 15:51-54; 2 Tes. 1:7-10; 2:8; Apoc. 14:14-20; 19:11-21; Mat. 24; Mar. 13; Luc. 21; 2 Tim. 3:1-5; 1 Tes. 5:1-6)

26. La Muerte y la Resurrección

La paga del pecado es muerte. Pero Dios, el único que es inmortal, otorgará vida eterna a sus redimidos. Hasta ese día, la muerte constituye un estado de inconsciencia para todos los que hayan fallecido. Cuando Cristo, que es nuestra vida, aparezca, los justos resucitados y los justos vivos serán glorificados y todos juntos serán arrebatados para salir al encuentro de su Señor. La segunda resurrección, la resurrección de los impíos, ocurrirá mil años después  (Rom. 6:23; 1 Tim. 6:15, 16; Ecl. 9:5, 6; Sal. 146:3, 4; Juan 11:11-14; Col. 3:4; 1 Cor. 15:51-54; 1 Tes. 4:13-17; Juan 5:28, 29; Apoc. 20:1-10)

27. El Milenio y el Fin del Pecado

El milenio es el reino de mil años de Cristo con sus santos en el cielo que se extiende entre la primera y la segunda resurrección. Durante ese tiempo serán juzgados los impíos; la tierra estará completamente desolada, sin habitantes humanos, pero sí ocupada por Satanás y sus ángeles. Al terminar ese período Cristo y sus santos, junto con la Santa Ciudad, descenderán del cielo a la tierra. Los impíos muertos resucitarán entonces, y junto con Satanás y sus ángeles rodearán la ciudad; pero el fuego de Dios los consumirá y purificará la tierra. De ese modo el universo será librado del pecado y de los pecadores para siempre  (Apoc. 20; 1 Cor. 6:2-3; Jer. 4:23-26; Apoc. 21:1-5; Mal. 4:1; Eze. 28:18, 19)

28. La Tierra Nueva

En la tierra nueva, donde morarán los justos, Dios proporcionará un hogar eterno para los redimidos y un ambiente perfecto para la vida, el amor y el gozo sin fin, y para aprender junto a su presencia. Porque allí Dios mismo morará con su pueblo, y el sufrimiento y la muerte terminarán para siempre. El gran conflicto habrá terminado y el pecado no existirá más. Todas las cosas, animadas e inanimadas, declararán que Dios es amor, y él reinará para siempre jamás. Amén (2 Ped. 3:13; Isa. 35; 65:17-25; Mat. 5:5; Apoc. 21:1-7; 22:1-5; 11:15)

WWW.FEYESPERANZA.ORG