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¿Dios permite comer de todo?

Según 1 Timoteo 4:1-4    Romanos 14:1-4   

¿Dios permite comer de todo?

1 Timoteo 4:1-4 1 Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, 2 de hipócritas y mentirosos, cuya conciencia está cauterizada. 3 Estos prohibirán casarse y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participaran de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad, 4 porque todo lo que Dios creó es bueno y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias.

Romanos 14:1-4 (RVR1995) 1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. 2 Uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, solo come legumbres. 3 El que come de todo no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha recibido. 4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerlo estar firme.

Antes de analizar detalladamente 1ra de Timoteo y La carta a los Romanos, necesitamos establecer la importancia de la fidelidad y constancia de Dios.

Malaquías 3:6 (RVR1960) Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.

Lo que Dios ha puesto como base para su palabra es que, Él no cambia, cuando a puesto una regla y es para siempre, es para siempre, por el otro lado, cuando da una regla que tiene tiempo de caducidad, también Él lo establece, por ejemplo, la ley es para siempre, ¿cierto?  bueno, depende de cual ley estamos hablando, si son los diez mandamientos, claro que si, es eterna esa ley.  Pero cuando hablamos de la ley ritual, que se llevaba acabo en el antiguo testamento, en el servicio del santuario, esa ley estaba presente y debía cumplirse hasta que el Mesías llegara y la terminara, o clavara en la cruz, según lo hizo en Colosenses 2:14.

En Números 23:19 leemos;  Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?

Dios no miente ni se arrepiente de lo que ha dicho o establecido para su pueblo.

La palabra de nuestro Creador es eterna, y esto lo podemos constatar en,

Isaías 40:8 Sécase la hierba, marchítase la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Y el consejo de Cristo para sus seguidores en  Mateo 5:37 (NVI) Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.

Si el consejo para el hombre es que su palabra tenga valor y que al hablar respetemos lo que decimos, eso es de cristianos, por que si variamos, o más bien decimos hoy “SI”, y mañana sobre el mismo asunto llega a ser un “NO” Dice la palabra de Dios, que eso viene del maligno.

Entonces si el ser humano debe mantener su palabra, como Dios, siendo Dios ¿no sería fiel a sus palabras? Claro que si, entonces ¿porque de pronto pareciera como en algunos lugares, como que la Biblia se contradice?  La verdad es que la Biblia nunca se contradice, pues si así fuera, dejaría de ser la palabra de Dios, y también dejaría de ser de confianza.

Santiago 1:17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

Hebreos 13:8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

Con esto como plataforma, veamos ahora 1 Timoteo 4:1-4, Analicemos texto por texto:

1 Timoteo 4:1 Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios,

Dios ha revelado en su palabra que en los últimos días muchos que estaban dentro del cristianismo abandonarían las sanas doctrinas, porque se dejarían engañar por espíritus satánicos que traerían doctrinas de demonios. Por eso Cristo nos advirtió claramente en Mateo 24:4, cuando dijo;  Mirad que nadie os engañe. y sigue diciendo en el versículo 5, Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.

Es claro que el enemigo de Dios quiere que muchos se pierdan, y por eso tuerce la sana doctrina de Dios, y en la mayoría de los casos con cosas muy pequeñitas o insignificantes “aparentemente” y sin duda la iglesia verdadera de Dios es la será más bombardeada con falsas doctrinas.

1 Timoteo 4:2 de hipócritas y mentirosos, cuya conciencia está cauterizada.

El enemigo de Dios, ha hecho de personas que tienen su conciencia cauterizada, ósea que se han hecho insensibles al Espíritu Santo, sus pecados los toman como normales y ya para ellos no le llaman pecado al pecado, pues debido a que permitieron ser engañados por espíritus de demonios, se han hecho dentro de la iglesia mentirosos y también hipócritas.   ¡Que Dios tenga compasión de nosotros para no caer en las trampas del enemigo!.

1 Timoteo 4:3 Estos prohibirán casarse y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participaran de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad,

Notemos que los que tienen las doctrinas falsas y se han dejado engañar por demonios, prohiben casarse, cuando es legal o esta bien que una persona pueda contraer matrimonio, esto normalmente sucede cuando la persona fue casada y luego se divorció, y estas personas empiezan a ver y dar muchas vueltas al asunto al punto que para ellos esta mal y no permiten que la persona se case, según las circunstancias, y ellos mismos mandarán abstenerse de alimentos sanos que Dios creó, pero que para algunos pueda que no sean muy saludables, y entonces porque ellos no los ven muy saludables, mandan o exigen que todo mundo deba abstenerse de ellos. Sobre los alimentos, recordemos algo, regularmente esto gira alrededor de la carne, algunos dicen que si no dejamos de comer carne, nunca podremos ir con Cristo, que la persona tiene que ser y debe ser vegetariana para poder entrar al cielo pues en el cielo no podremos comer carne, se olvidan estas personas que Elías comió carne, y que él ni siquiera vio la muerte y fue al cielo.  Ese es el problema en este texto, que de lo que Dios permitió, hay personas que prohibirían comer.

En ningún momento debemos tomar esto para justificar comer lo que Dios a prohibido rotundamente como el puerco y otros animales inmundos.   

Si Dios lo permitió, con medida esta bien, pues todo aunque sea muy bueno, en exceso también llega a constituir pecado.    Por ejemplo mucha carne, es pecado y dañina a nuestro cuerpo, el agua, lo más saludable que podemos tomar, igual, con exceso llega a ser dañina para nuestro cuerpo, las cantidades apropiadas es lo más recomendable tanto por nuestra salud y como consejo Bíblico y así nos damos cuenta que nuestro Creador nunca se equivoca.  ¡Alabado sea el nombre de Jehová! 

1 Timoteo 4:4 porque todo lo que Dios creó es bueno y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias.

No podemos usar este texto como excusa para tomar lo que sabemos que esta mal o prohibido por Dios, como algo limpio y consumirlo. 

Dios creó el agave, un tipo de maguey, de el agave se hace el tequila, puesto que Dios creo la planta, ¿entonces podemos decir que esta bien tomar tequila? Claro que no, es prohibido según la Biblia.   Y de las uvas, se saca el vino, quiere decir que puesto que Dios hizo las uvas, ¿esta bien tomar el vino fermentado?  De ninguna manera, de modo que con conciencia y mente abierta al Espíritu Santo entendamos que lo que Dios ha prohibido, es prohibido y no hay nada mas que discutir.

1 Timoteo 4:5 Ya que por la palabra de Dios y por la oración es santificado.

De lo bueno que tomamos y santificamos por medio de la oración, recordemos algo, todos los alimentos están siempre en proceso de descomposición, desde antes de ponerlos en nuestra boca.   De modo que por medio de la oración si hay alguna bacteria que podría hacernos daño, al orar y dar gracias, el alimento se santifica y se limpia de forma milagrosa pues es una promesa divina, esto, si estamos alimentándonos con lo que Dios ha permitido.

En Romanos 14:1-4 Tenemos algo parecido a lo que dice en 1ra de Timoteo, recordemos que es Pablo, el mismo escritor el que está hablando.

Romanos 14:1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.

Hay personas que son débil en el conocimiento, o que no conocen mucho de lo que esta bien o mal hacer. Por eso el Apóstol Pablo aconseja, amistar con estas personas, pero nunca para discutir ningún tema de doctrina, pues si los que se supone que son expertos en doctrinas tienen diferentes opiniones en lo que esta bien o mal, ¿Cómo vamos a discutir estos temas con alguien que no tiene mucho conocimiento? o bien ¿como vamos a manipular en este caso lo que ellos desconocen con lo que nosotros creemos que es mejor hacer? 

Romanos 14:2 Uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, solo come legumbres.

Entonces el Apóstol da las diferencias formas de pensar, el que es fuerte piensa o sabe que no importa lo que come, de lo que Dios ha permitido, él es aceptado ante Dios.

Por el otro lado tenemos a una persona que no conoce mucho, pero le han dicho que no debe comer carne, entonces, por su conciencia piensa que si come carne, está cometiendo pecado, por eso decide comer solo legumbres.

Romanos 14:3 El que come de todo no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha recibido.

Y en este versículo Pablo aclara el mensaje, y da el consejo para que nadie juzgue a nadie.  El que come de todo, (lo permitido por Dios) no debe bajo ninguna circunstancia menospreciar o hacer menos al que no come de todo lo permitido por Dios.  Y el que se abstiene de comer ciertos alimentos, tampoco debe menospreciar o juzgar al que si come, de modo que el vegetariano, no juzgue al que come carne, y el que come carne, no juzgue al que es vegetariano.

Romanos 14:4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerlo estar firme.

Dios es el único que nos puede juzgar, y  si seguimos leyendo este capítulo, nos daremos cuenta que el Apóstol, aconseja que no se coma carne, pero es Dios quien juzga, y es Dios quien santifica, pues el reino de los cielos no es comida ni bebida.

Los fuertes en la fe, debemos apoyar a los débiles, en vez de hacer lo que nos agrada. Rom. 15:1

Algunas persona usan estos textos para justificar comer alimentos inmundos prohibidos por Dios, también usan Hechos el capítulo diez, donde encontramos la visión de Pedro, pues a simple vista y leyendo solo ciertos textos, pareciera que Dios le esta diciendo a Pedro que limpió los animales inmundos.  Pero estudiando detenidamente estos pasajes, nos damos cuenta primeramente que Pedro “no comió” segundo, más tarde Pedro entiende que Dios uso a los animales inmundo como ilustración de los seres humanos, pues los Judíos menospreciaban e insultaban a los gentiles, y con esta visión, Dios le dice que los gentiles han sido limpios y que son igual que los Judíos, aptos para recibir al Salvador del mundo.

Si una persona usa estos textos para apoyar la idea que se pueden comer todo tipo de carnes inmundas, esta en un gran error, y el Espíritu Santo no mora en él, pues solo hay que leer un poco más y textualmente Pedro mismo aclara que  la visión se refería a los hombres y no a alimentos en si.   

Pedro habla en  Hechos 10:28  …-Ustedes saben muy bien que nuestra ley prohíbe que un judío se junte con un extranjero o lo visite. Pero Dios me ha hecho ver que a nadie debo llamar impuro o inmundo.

Por tanto, reconoce hoy y reflexiona en tu corazón, que el SEÑOR es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra; no hay otro. Deut. 4:39

Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. (Gálatas 3:26-27)

Espero que todos algún día al igual que Pablo, podamos decir:  Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.   Gálatas 2:20

Glorifiquemos a Cristo en todo lo que hacemos, pues mi deseo es que se cumpla la palabra de Dios en nosotros recordando que; Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 1 Cor. 10:31

Si se trata de comida, que Dios se glorifique en lo que comemos o bebemos, o bien, cualquier otra cosa que hagamos, todo debe glorificar a nuestro Creador, que de hecho, para eso fuimos creados, para adorar y glorificar al Rey de reyes y Señor de señores.

El señor te bendiga

Joel Medina

feyesperanza.org

info@feyesperanza.org

Una vida espiritual entregada a Cristo

En esta época, precisamente antes de la segunda venida de Cristo en las nubes del cielo, debe hacerse una obra como la de Juan [el Bautista]. Dios necesita a hombres que preparen a un pueblo que se mantenga firme en el gran día del Señor […]. A fin de dar un mensaje como el que dio Juan, debemos tener una experiencia espiritual como la suya. La misma obra debe efectuarse en nosotros. Debemos contemplar a Dios y, al contemplarlo, perderemos de vista el yo.—Testimonies for the Church 8:332-333 (1904).

La comunión con Dios ennoblecerá el carácter y la vida. Los hombres verán que hemos estado con Jesús como lo notaron en los primeros discípulos. Esto comunicará al obrero un poder que ninguna otra cosa puede dar. No debe permitir que cosa alguna le prive de este poder. Hemos de vivir una vida doble: una vida de [58] pensamiento y de acción, de silenciosa oración y fervoroso trabajo.— El Ministerio de Curación, 409-410 (1905).

Oración y esfuerzo, esfuerzo y oración, serán la tarea de vuestra vida. Debéis orar como si la eficiencia y la alabanza se debieran completamente a Dios, y trabajar como si el deber fuera todo vuestro.—Testimonies for the Church 4:538 (1881).

Nadie que no ore puede estar seguro un solo día o una sola hora.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 585 (1911).

El que no hace nada más que orar, pronto dejará de hacerlo.—El Camino a Cristo, 101 (1892).

¡Maranata, El Señor viene! 008, DESILUSIONES SEMEJANTES

  1. DESILUSIONES SEMEJANTES

He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo. (Sant. 5: 11).

A menudo la mente del pueblo -y hasta de los siervos de Dios- es ofuscada por las opiniones humanas, las tradiciones y las falsas enseñanzas de los hombres, de suerte que no alcanza a comprender más que parcialmente las grandes cosas que Dios reveló en su Palabra. Así les pasó a los discípulos de Cristo, cuando el mismo Señor estaba con ellos en persona. Su espíritu estaba dominado por la creencia popular de que el Mesías sería un príncipe terrenal, que exaltaría a Israel a la altura de un imperio universal, y no pudieron comprender el significado de sus palabras cuando les anunció sus padecimientos y su muerte. . .

Desde su más tierna edad la esperanza de su corazón se había cifrado en la gloria de un futuro imperio terrenal, y eso les cegaba la inteligencia. . .

Lo que experimentaron los discípulos que predicaron el “evangelio del reino” cuando vino Cristo por primera vez tuvo su contraparte en lo que experimentaron los que proclamaron el mensaje de su segundo advenimiento. . .

Como los primeros discípulos, Guillermo Miller y sus colaboradores no comprendieron ellos mismos enteramente el alcance del mensaje que proclamaban. Los errores que existían desde hacía largo tiempo en la iglesia les impidieron interpretar correctamente un punto importante de la profecía. Por eso, si bien proclamaron el mensaje que Dios les había confiado para que lo diesen al mundo, sufrieron un desengaño debido a un falso concepto de su significado.

A estos creyentes les pasó lo que a los primeros discípulos: Lo que en la hora de la prueba pareciera oscuro a su inteligencia, les fue aclarado después. Cuando vieron el “fin que vino del Señor”, supieron que a pesar de la prueba que resultó de sus errores, los propósitos del amor divino para con ellos no habían dejado de seguir cumpliéndose. Merced a tan bendita experiencia llegaron a saber que el “Señor es muy misericordioso y compasivo”; que todos sus caminos “son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios”.* 15

¡Maranata, El Señor viene! 006, LA FE DE LOS REFORMADORES

  1. LA FE DE LOS REFORMADORES

Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. (1 Cor. 15: 26).

Lutero declaró: “Estoy verdaderamente convencido de que el día del juicio no tardará más de trescientos años. Dios no quiere ni puede sufrir por más tiempo a este mundo malvado”. “Se acerca el gran día en que el reino de las abominaciones será derrocado”.

“Este viejo mundo no está lejos de su fin”, decía Malanchton. Calvino invita a los cristianos a “desear sin vacilar y con ardor el día de la venida de Cristo como el más propicio de todos los acontecimientos”, y declara que “toda la familia de los fieles no perderá de vista ese día”. “Debemos tener hambre de Cristo -dice-, debemos buscarlo, contemplarlo hasta la aurora de aquel gran día en que nuestro Señor manifestará la gloria de su reino en su plenitud” (Daniel T. Taylor, The Reign of Christ on Earth or the Voice of the Church in all Ages, págs. 158, 134).

“¿No llevó acaso nuestro Señor Jesús nuestra carne al cielo? -dice Knox, el reformador escocés-, ¿y no ha de regresar por ventura? Sabemos que volverá, y esto con prontitud”. Ridley y Latimer, que dieron su vida por la verdad, esperaban con fe la venida del Señor. Ridley escribió: “El mundo llega sin duda a su fin. Así lo creo y por eso lo digo. Clamemos del fondo de nuestros corazones a nuestro Salvador, Cristo, con Juan el siervo de Dios: Ven, Señor Jesús, ven” (Id., págs. 151, 145).

“El pensar en la venida del Señor -decía Baxter- es dulce en extremo para mí y me llena de alegría”. “Es obra de fe y un rasgo característico de sus santos desear con ansia su advenimiento y vivir con tan bendita esperanza”. “Si la muerte es el último enemigo que ha de ser destruido en la resurrección, podemos representarnos con cuánto ardor los creyentes esperarán y orarán por la segunda venida de Cristo, cuando esta completa y definitiva victoria sea alcanzada”. “Ese es el día que todos los creyentes deberían desear con ansia por ser el día en que habrá de quedar consumada toda la obra de su redención, cumplidos todos los deseos y esfuerzos de sus almas”. “¡Apresura, oh Señor, ese día bendito!” (Ricardo Baxter, Works, tomo 17, págs. 555, 500; 182, 183).

Tal fue la esperanza de la iglesia apostólica, de la “iglesia del desierto”, y de los reformadores.* 13

¡Maranata, El Señor viene! 005, EL “LEITMOTIV” DE LAS ESCRITURAS

  1. EL “LEITMOTIV” DE LAS ESCRITURAS

Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo. (Job. 19: 25).

Una de las verdades más solemnes y más gloriosas que revela la Biblia, es la de la segunda venida de Cristo para completar la gran obra de la redención. Al pueblo peregrino de Dios, que por tanto tiempo hubo de morar “en región y sombra de muerte”, le es dada una valiosa esperanza inspiradora de alegría en la promesa de la venida de Aquel que es “la resurrección y la vida” para hacer “volver al hogar a sus hijos exiliados”. La doctrina del segundo advenimiento es verdaderamente la nota tónica de las Sagradas Escrituras. Desde el día en que la primera pareja se alejara apesadumbrada del Edén, los hijos de la fe han esperado la venida del Prometido que había de aniquilar el poder destructor de Satanás y volverlos a llevar al paraíso perdido. . . Enoc, que se contó entre la séptima generación descendiente de los que moraran en el Edén y que por tres siglos anduvo con Dios en la tierra, pudo contemplar desde lejos la venida del Libertador. “He aquí que viene el Señor, con las huestes innumerables de sus santos ángeles, para ejecutar juicio sobre todos” (Jud. 14, 15, VM). El patriarca Job, en la lobreguez de su aflicción, exclamaba con confianza inquebrantable: “Pues yo sé que mi Redentor vive, y que en lo venidero ha de levantarse sobre la tierra. . . aun desde mi carne he de ver a Dios; a quien yo tengo de ver por mí mismo, y mis ojos le mirarán; y ya no como a un extraño” (Job 19: 25-27, VM).*

Quiera el Dios de toda gracia iluminar de tal manera vuestro entendimiento que podáis discernir las cosas eternas, para que por medio de la luz de la verdad vuestros propios errores, que son numerosos, puedan verse tales como son, para que podáis hacer los esfuerzos necesarios para abandonarlos, a fin de que en lugar de este fruto malo y amargo, podáis producir un fruto precioso para vida eterna.

Humillad delante de Dios vuestro corazón pobre, orgulloso y lleno de justicia propia; humillaos muy profundamente a sus pies, plenamente quebrantados en vuestra pecaminosidad. Dedicaos a la obra de preparación. No descanséis hasta que podáis decir: Mi Redentor vive, y puesto que él vive, yo también viviré.

Si perdéis el cielo, lo perdéis todo; si obtenéis el cielo, lo obtenéis todo. Os ruego que no os equivoquéis en esto. Hay intereses eternos en juego.* 12

¡Maranata, El Señor viene! 004, LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA

  1. LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA

El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. (Apoc. 22: 20).

La venida del Señor ha sido en todo tiempo la esperanza de sus verdaderos discípulos. La promesa que hizo el Salvador al despedirse en el Monte de las Olivas, de que volvería, iluminó el porvenir de sus discípulos al llenar sus corazones de una alegría y una esperanza que las penas no podían apagar ni las pruebas disminuir. Entre los sufrimientos y las persecuciones, “la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” era la “esperanza bienaventurada”. Cuando los cristianos de Tesalónica, agobiados por el dolor, enterraban a sus amados que habían esperado vivir hasta ser testigos de la venida del Señor, Pablo, su maestro, les recordaba la resurrección, que había de verificarse cuando viniese el Señor. Entonces los que hubiesen muerto en Cristo resucitarían, y juntamente con los vivos serían arrebatados para recibir a Cristo en el aire. “Y así -dijo- estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tes. 4: 16-18). . .

Desde la cárcel, la hoguera y el patíbulo, donde los santos y los mártires dieron testimonio de la verdad, llega hasta nosotros a través de los siglos la expresión de su fe y esperanza. Estando “seguros de la resurrección personal de Cristo, y, por consiguiente, de la suya propia, a la venida de Aquel -como dice uno de estos cristianos-, ellos despreciaban la muerte y la superaban” (Daniel T. Taylor, The Reign of Christ on Earth or the Voice of the Church in all Ages, pág. 33). Estaban dispuestos a bajar a la tumba, a fin de que pudiesen “resucitar libertados”. Esperaban al “Señor que debía venir del cielo entre las nubes con la gloria de su Padre”, “trayendo para los justos el reino eterno”. Los valdenses acariciaban la misma fe. Wiclef aguardaba la aparición del Redentor como la esperanza de la iglesia (Id., págs. 54, 129-134).

En la isla peñascosa de Patmos, el discípulo amado oyó la promesa: “Ciertamente vengo en breve”. Y su anhelante respuesta expresa la oración que la iglesia exhaló durante toda su peregrinación: ¡”Ven, Señor Jesús”! (Apoc. 22: 20).* 11

¡Maranata, El Señor viene! 003, CUANDO JESÚS NACIÓ

  1. CUANDO JESÚS NACIÓ

Cuando Jesús nació en Belén. . . vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? (Mat. 2: 1, 2).

El Rey de gloria descendió muchísimo para asumir la humanidad; y los ángeles, que habían sido testigos de su esplendor en las cortes celestiales, cuando era adorado por todas las huestes del cielo, se desilusionaron al descubrir que su divino Comandante ocupaba un puesto que implicaba tan profunda humillación.

Los judíos se habían separado tanto de Dios por causa de sus malas obras, que los ángeles no les podían transmitir las nuevas del advenimiento del niño Redentor. Dios eligió a los sabios de Oriente para que cumplieran su voluntad…

La aparición desusada de una estrella grande y brillante, Que nunca habían visto antes, y que aparecía como una señal en los cielos, atrajo su atención. No tuvieron el privilegio de escuchar la proclamación de los ángeles a los pastores. Pero el Espíritu de Dios los impulsó a buscar al Visitante celestial que había venido a este mundo caído. Los sabios enderezaron su rumbo en la dirección en que la estrella parecía conducirlos. Al acercarse a la ciudad de Jerusalén, la estrella se envolvió en tinieblas, y no los guió más. Llegaron a la conclusión de que los judíos no podían ignorar el gran acontecimiento de la llegada del Mesías; de modo que comenzaron a inquirir al respecto en las proximidades de Jerusalén.

Los sabios se sorprendieron al verificar que no había un interés especial con respecto al tema de la venida del Mesías. . . Cuando abandonaron Jerusalén, ya no abrigaban tanta confianza y esperanza como cuando llegaron. Se maravillaban de que los judíos no tuvieran interés ni manifestaran gozo frente a la perspectiva del gran acontecimiento de la venida del Cristo.

Las iglesias de nuestro tiempo están buscando la grandeza mundana y están tan poco dispuestas a ver la luz de las profecías y a recibir la evidencia de su cumplimiento, que muestran que Cristo muy pronto vendrá, como los judíos con respecto a su primer advenimiento. Esperaban el reino temporal y triunfante del Mesías en Jerusalén. Los profesos cristianos de nuestra época esperan la prosperidad temporal de la iglesia, manifestada en la conversión del mundo, y el gozo del milenio temporal.

¡Maranata, El Señor viene! 002, LA LECCIÓN DE BELÉN

  1. LA LECCIÓN DE BELÉN

Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9: 28).

Cuando se produjo el primer advenimiento de Cristo, los sacerdotes y los fariseos de la ciudad santa, a quienes fueran confiados los oráculos de Dios, habrían podido discernir las señales de los tiempos y proclamar la venida del Mesías prometido. La profecía de Miqueas señalaba el lugar de su nacimiento. (Miq. 5: 2.) Daniel especificaba el tiempo de su advenimiento. (Dan. 9: 25.) Dios había encomendado estas profecías a los caudillos de Israel; no tenían pues excusa por no saber que el Mesías estaba a punto de llegar y por no habérselo dicho al pueblo. Su ignorancia era resultado de culpable descuido. . . Todo el pueblo debería haber estado velando y esperando para hallarse entre los primeros en saludar al Redentor del mundo. En vez de todo esto, vemos, en Belén, a dos caminantes cansados que vienen de los collados de Nazaret, y que recorren toda la longitud de la angosta calle del pueblo hasta el extremo este de la ciudad, buscando en vano lugar de descanso y abrigo para la noche. Ninguna puerta se abre para recibirlos. En un miserable cobertizo para el ganado, encuentran al fin un refugio, y allí fue donde nació el Salvador del mundo. . .

No hay señales de que se espere a Cristo ni preparativos para recibir al Príncipe de la vida. Asombrado, el mensajero celestial está a punto de volverse al cielo con la vergonzosa noticia, cuando descubre un grupo de pastores que están cuidando sus rebaños durante la noche, y que al contemplar el cielo estrellado, meditan en la profecía de un Mesías que debe venir a la tierra y anhelan el advenimiento del Redentor del mundo. Aquí tenemos un grupo de seres humanos preparados para recibir el mensaje celestial. Y de pronto aparece el ángel del Señor proclamando las buenas nuevas de gran gozo…

¡Oh! ¡Qué lección encierra esta maravillosa historia de Belén! ¡Qué reconvención para nuestra incredulidad, nuestro orgullo y amor propio! ¡Cómo nos amonesta a que tengamos cuidado, no sea que por nuestra criminal indiferencia, nosotros también dejemos de discernir las señales de los tiempos, y no conozcamos el día de nuestra visitación!

¡Maranata, El Señor viene! 001, LA PRIMERA VENIDA DE JESÚS

LA PRIMERA VENIDA DE JESÚS

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo,. . . para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. (Gál. 4: 4, 5).

La venida del Salvador había sido predicha en el Edén. Cuando Adán y Eva oyeron por primera vez la promesa, esperaban que se cumpliese pronto. Dieron gozosamente la bienvenida a su primogénito, esperando que fuese el Libertador. Pero el cumplimiento de la promesa tardó. Los que la recibieron primero, murieron sin verlo. Desde los días de Enoc, la promesa fue repetida por medio de los patriarcas y los profetas, manteniendo viva la esperanza de su aparición, y sin embargo no había venido. La profecía de Daniel revelaba el tiempo de su advenimiento, pero no todos interpretaban correctamente el mensaje. Transcurrió un siglo tras otro, y las voces de los profetas cesaron. La mano del opresor pesaba sobre Israel, y muchos estaban listos para exclamar: “Se van prolongando los días, y desaparecerá toda visión” (Eze. 12: 22).

Pero, como las estrellas en la vasta órbita de su derrotero señalado, los propósitos de Dios no conocen premura ni demora. Por los símbolos de las densas tinieblas y el horno humeante, Dios había anunciado a Abrahán la servidumbre de Israel en Egipto, y había declarado que el tiempo de su estada allí abarcaría cuatrocientos años. “Después de esto -dijo Dios- saldrán con gran riqueza” (Gen. 15: 14). Y contra esta palabra se empeñó en vano todo el poder del orgulloso imperio de los faraones. “En el mismo día” señalado por la promesa divina, “todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto” (Exo. 12: 41). Así también fue determinada en el concilio celestial la hora en que Cristo había de venir; y cuando el gran reloj del tiempo marcó aquella hora, Jesús nació en Belén.

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”. La Providencia había dirigido los movimientos de las naciones, así como el flujo y reflujo de impulsos e influencias de origen humano, a tal punto que el mundo estaba maduro para la llegada del Libertador. . .

Entonces vino Jesús a restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor. Nadie, excepto Cristo, puede amoldar de nuevo el carácter que ha sido arruinado por el pecado. Él vino para expulsar a los demonios que habían dominado la voluntad. Vino para levantarnos del polvo, para rehacer según el modelo divino el carácter que había sido mancillado, para hermosearlo con su propia gloria. 8